Debo decirte que a mi me funcionó. Realmente no pensé que fuera algo tan esencial. Sin duda supuso el poder seguir viviendo y la otra opción era perderlo todo. Te hablo de un accidente que marcó mi vida y la puso patas arriba. Aunque una buena decisión fue determinante.

Le ofrecieron un seguro a mi marido… Y aceptó

Hay ciertos seguros que realmente no te planeas o no sabes que existen hasta que te hablan de ellos. Gracias a los bancos, todos conocemos las pólizas de vida. También ciertos trances por los que pasamos nos muestran la utilidad de contratar los decesos. Pero ¿un seguro de vida y dependencia?

Y es que claro, es importante que nuestra familia pueda salir adelante si pasa cualquier cosa. Pero todos pensamos en la muerte como la peor situación. Imagínate, de repente tu marido tiene un accidente o no se recupera debidamente de alguna enfermedad y ya no hay vuelta atrás.

Sin duda somos más frágiles de lo que pensamos; una varicela en la edad adulta, una neumonía o una infección que se complica. En realidad hay mil cosas en las que, por supuesto, no queremos ni pensar. Hasta que un día nos sorprenden.

Por eso mi marido firmó cuando le presentaron la opción de contratar un nuevo seguro ante una posible situación de dependencia.

Y pasó lo que nadie se esperaba, pero me funcionó

Debo decirte que no estuve de acuerdo cuando él me lo contó. Solo pensaba en otro pequeño gasto, otra obligación anual que, aunque pequeña, había que pagar. Pero él me explicó que sin duda valía la pena. Y es que si a él le pasaba algo, pero sobrevivía, quizás podría necesitar cuidados durante toda su vida «como le pasó a nuestro vecino cuando sufrió el Ictus».

No tuve nada que objetar. Conocía el caso de mis vecinos; si él hubiera fallecido, ella habría solicitado la pensión de viudedad y, con el tiempo, habría podido reponerse. Pero con las secuelas que le quedaron ya no pudo volver a andar. Ella lo dejó todo para cuidarle. Tuvieron que pedir subvenciones para comprar una cama adaptada, una grúa para moverle…

Sin duda fue mucho peor y, solo dos años después, ella parecía haber envejecido diez. A eso había que sumar los apuros económicos que tuvieron que afrontar. Aunque, por suerte, en su caso los hijos de la pareja ayudaron a cubrir sus gastos. Era una situación por la que yo no quería pasar.

Pero me tocó.

Mi marido se cruzó en el camino de un coche cuyo conductor no respetó aquello de no beber al volante. Créeme si te digo que aún no he perdonado a ese hombre que sesgó nuestras vidas en segundo. El brazo y la pierna izquierdos de mi marido se rompieron por tantas partes que hubo que tomar decisiones drásticas. Él no podría volver a trabajar.

Por suerte, dentro de todo, pudimos salir adelante

Yo no pensaba en el seguro que había contratado él años atrás, solo lloraba. Le veía en el hospital tan dañado y no soportaba la impotencia que me presionaba el corazón. Varios días después él me dijo «cariño, llama a la compañía e infórmate de qué debemos hacer».

Así lo hice y la respuesta fue inmediata. El Seguro de Vida y Dependencia iba a cubrir las necesidades de mi marido y las mías propias. Siempre le estaré agradecida por haber tomado aquella decisión, porque me funcionó.

me funcionó

Me funcionó, aunque nunca pensé que sería necesario

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