Mi nombre es Carmen, vivo sola con mi hija y este es mi testimonio, espero que te sirva. Mi marido nos dejó ya hace unos años. Nosotros fuimos padres ya mayores. Cuando creíamos que nunca sentiríamos esa dicha me quedé embarazada. Al principio fue confuso. Yo contaba ya con más de 40 años y creía que tenía una menopausia un poco precoz.

Cuando fui a mi médico esperaba recibir pastillas y recomendaciones. Entonces él me dijo: “Carmen esto se te pasará en unos meses. Estas embarazada”. Rompí a llorar allí mismo. Pero no es esta parte de mi testimonio en la que quiero detenerme.

Fue una bendición pero con subtítulos

Nuestra hija nació preciosa en el siguiente otoño. También le pusimos Carmen, como yo. Pero volví a llorar desconsoladamente cuando la matrona me dijo que tenía Síndrome de Down. Es cierto que nos dieron mucha información y que había muchas alternativas específicas. Nuestra hija podría tener un futuro prometedor y sin duda había esperanza. Pero no todo fue tan bien.

Ahora pienso que quizás fuimos muy protectores o que no estábamos preparados. Seguro que podríamos haberlo hecho mejor, pero ya no hay vuelta atrás. Carmen tiene ya 32 años y no es una mujer independiente. No sabe cocinar ni puede ir sola a hacer la compra o salir a la calle. Ella nos necesita las 24 horas del día y ahora solo me tiene a mi.

Espero ayudarte con mi testimonio

Durante unas horas al día mi hija asiste a un centro especializado. El resto del tiempo estamos juntas. Debo decir que hace ya años que Carmen está en lista de espera para vivir en un piso tutelado. Pero su condición la restringe a unas pocas plazas con atención las 24 horas. Por eso perdí hace tiempo la esperanza de que la cogieran.

Finalmente yo contraté un seguro de Vida y Dependencia. Porque si algo pudiera pasarme necesito saber que ella seguirá adelante. Carmen nunca podrá cuidar de mi y los años pasan para todos. Por eso he querido asegurarme de que alguien cuidará de ella. E incluso de mí si fuera necesario. Por menos de cien euros años estoy tranquila y eso no tiene precio.

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Testimonio: vidas inciertas y Down

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